Títeres y marionetas: un paseo por las emociones, la historia y la imaginación

Por Claudia González Guillén

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo”: Gabriel García Márquez.


El origen del títere nos lleva a miles de años atrás, ligado a las primeras civilizaciones, donde logran apreciar el movimiento de sombras en las cuevas y les dan vida a estas historias a través de la creación de las primeras figuras. Eran planos y se elaboraban de la piel de los animales que cazaban. El más antiguo que se conserva es de la India, de Indonesia y Birmania.


Mientras que, en las antiguas civilizaciones de Grecia, Roma y Egipto, los títeres eran utilizados en espectáculos públicos, donde contaban las hazañas de los dioses, con una combinación de música y canto.


Las marionetas han evolucionado con el paso del tiempo, de ser de piel y madera, pasaron a elaborarse tallados en madera, despues, de papel maché y de plástico. En la Edad Media se utilizaban para representaciones de pasajes bíblicos, después llegaron a ser tan populares que abordaron historias de caballeros, relatos cómicos, dramáticos y políticos.


En Italia recibieron el nombre de burattini (de guante) y fantoccini (movido por hilos); guignol en Francia. Los introducen los juglares en España y en Inglaterra, es abolido por el protestantismo.


El famoso titiritero italiano y fundador del teatro de títeres y marionetas, Vittorio Podrecca, recorrió el mundo con el nombre de “Los títeres de Podrecca”. Actuó en más de 500 ciudades, realizando aproximadamente 15 mil espectáculos. Los escritores y músicos de mayor renombre de la época escribieron para él.


Se dice que Hernán Cortés, traía entre sus soldados a dos hombres que hacían títeres para entretenerlo. Pero deja constancia a través de una carta al rey de España, que ya existían en México antes de su llegada. En la carta describe que los indios realizaban juegos y representaciones, que jugaban con muñecos movidos por ellos mismos.


¿Títere o marioneta?

Por su forma de construcción y manipulación, podemos encontrar diferentes clases de este tipo de muñecos: marionetas de mano y de guante, de hilo, de calcetín, de mesa, marottes. Mientras que los títeres pueden ser de varilla, cartón, cartoncillo y otros materiales que les permiten tener movimiento.


La Casa del Títere, Marionetas mexicanas, en Puebla capital, es un lugar mágico, que te atrapa y genera todo tipo de emociones, de inmediato echas a volar la imaginación; te cautivan los 813 títeres de la colección Rosete Arana-Espinal, la más importante de América Latina; datan de los años 1835 a 1955, y las 630 marionetas de la colección Guiñol Época de Oro, elaborados en Francia en el siglo XIX, que pertenecen al Instituto Nacional de Bellas Artes.


El invaluable acervo cultural que tiene el Museo del Títere está lleno de color, formas, historia, belleza, detalles. Conformado en varias salas y representando desde la famosa ópera “Carmen” de George Bizet, estrenada en París en 1875. También encontramos la historia de “Pedro y el Lobo”, obra sinfónica e historia (1936) del ruso Serguéi Prokófiev.


En la sala “¡México Lindo!” nos da un recorrido por la pluralidad y riqueza cultural de nuestro país. Sin duda alguna uno de los géneros preferidos en las presentaciones de títeres, es la comedia; también hay una sala dedicada a este género Los piratas también están presentes (“¡Auxilio! Vienen los piratas”), “El camino a la fe” (escenificación de pasajes bíblicos). Encontramos otra sala dedicada a “cuentos y fábulas” que ha dado vida a un sinfín de creaciones literarias a través del arte de los títeres.


En la sala “Influencia rusa” podemos apreciar la corriente del teatro estridentista, que elaboró títeres con la colaboración de la grabadora rusa Angelina Beloff. En nuestro recorrido también nos encontramos las salas: “La palabra escrita”, “El poder de la voz”, “¡Música, maestro!”, “El misterio oriental” y “La bella época”, que así se le llamó al periodo entre los años 1870 y 1914 en Francia; recordemos que en el porfiriato se mantuvo una estrecha relación e influencia en la moda y estilo de vida.


Sin la profesión de “titiritero”, a quienes les debemos mucho en la cultura y en nuestra imaginación, no serían posibles todas estas historias. El primer titiritero conocido fue Photino. En la Edad Media se utilizaban los títeres de hilo y los títeres de plancha que iban atados a las rodillas y se movían con las piernas. Más adelante se utilizaron los títeres de guante y las funciones se hacían en unos teatrillos en forma de castillo.


El trabajo de estos artistas no es nada fácil; deben tener la capacidad de desdoblarse en un muñeco, habilidad para mover el títere que maneja consiguiendo comunicar un relato fantástico y disponer de varios registros de voz y sentido del ritmo para darle vida. Se considera a Jordá Ferré el mejor titiritero del mundo de la era moderna, además de excéntrico y original, con sus marionetas gigantes, que, en lugar de necesitar a una persona para manipular al títere, en sus máquinas y obras gigantes, necesita de cinco a diez, a veces hasta más técnicos o conductores.


Lo más loable del arte de los títeres y marionetas es que son un recurso ideal para transmitir mensajes y emociones, de manera accesible y entretenida, a través de escenificar la vida cotidiana, los grandes acontecimientos de nuestra historia e influencia de otras culturas, grandes obras literarias, divulgación de costumbres y riqueza artística. Con personajes buenos y malos, valientes y cobardes, ingenuos y maliciosos, nobles y pobres, en reinos imaginarios y en un tiempo indefinido en muchas ocasiones que sin duda alguna atrapan la atención de grandes y pequeños, que nos acercan a la reflexión y crítica, así como al patrimonio artístico y cultural.


Los invito a visitar la Casa del Títere en la ciudad de Puebla. Van a quedar gratamente impresionados, como yo, de este paseo fantástico por distintos mundos.

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