Personal de salud y jóvenes, los más dañados por insomnio

Pesadillas recurrentes son también precursoras de alteraciones psiquiátricas, alerta Ulises Jiménez.

La pandemia por la Covid-19 ha ocasionado grandes cambios en el patrón de sueño de la población mundial. En México, las mayores afectaciones ocurren en jóvenes y el personal de salud, aseguró Ulises Jiménez Correa, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Universidad Nacional.


Ante eso, mencionó que se requiere diseñar estrategias para la atención de grupos específicos en esta condición, pues se espera un impacto psicológico de larga duración.

“El insomnio y las pesadillas recurrentes son precursores de alteraciones psiquiátricas, por lo que estas personas están en mayor riesgo de desarrollar una enfermedad mental a largo plazo”, aseveró el especialista.


Por ello, explicó, es trascendental configurar una intervención nacional para evitar tener mayor repercusión en la salud mental, con un observatorio de trastornos de sueño que nos permita comprender mejor cómo se está dando este fenómeno.


Al presentar el Manual de trastornos del sueño en el que funge como compilador, en el Seminario sobre Medicina y Salud de la UNAM, encabezado por Octavio Rivero Serrano, Ulises Jiménez indicó que el denominado covidsomnio es un término que se fue acuñando hace algunos meses en el mundo, y que es el principal motivo de consulta en las clínicas especializadas.


Aislamiento físico, duelo, familiares hospitalizados…


En la población en general el aislamiento es una de las principales causas del insomnio o de la mala calidad de sueño, dijo Jiménez Correa.


Aunado a lo anterior, en el ámbito clínico, el estar infectado y en cuarentena, además en un espacio limitado y con exceso de tiempo de descanso, más la preocupación por la salud propia y de los otros, se relaciona con el insomnio prolongado.


“El aislamiento con insomnio, además del duelo o con familiares hospitalizados y la expectativa de muerte, son factores que imposibilitan una buena calidad del dormir.”


De manera general, agregó el especialista, hemos perdido los horarios establecidos para ir a la escuela, al trabajo y los momentos de la alimentación. Esto ha generado que nuestros tiempos en cama se hayan modificado; hay personas que ahora duermen a las 6 de la mañana y se despiertan a la 1 de la tarde.


Contenido


El Manual de trastornos del sueño cuenta con nueve capítulos, 32 subtemas, en donde intervienen 44 prestigiados coautores, resumió José Adrián Rojas Dosal, integrante del Seminario sobre Medicina y Salud de la UNAM.

“Todavía falta mucho por estudiar; sin embargo, la biología del sueño cada vez deja más en claro que es un proceso de vital importancia para el bienestar integral del ser humano, dedicado a todo profesional de la salud que pueda enfrentarse a pacientes con estos problemas”, concluyó.


En la presentación virtual estuvieron académicos e investigadores integrantes del seminario, el exrector José Narro Robles, así como el rector Enrique Graue Wiechers, quien felicitó a Ulises Jiménez por realizar “un libro de consulta para todos”.


En nombre del Seminario sobre Medicina y Salud intervino su titular, el exrector Octavio Rivero Serrano, quien agradeció el privilegio de contar con la presencia de distinguidos académicos universitarios.


RECOMENDACIONES

De manera general, Ulises Jiménez planteó que antes de algún posible abordaje farmacológico contra el insomnio, se tiene que realizar un tratamiento cognitivo conductual con terapia de control de estímulos, que consiste en utilizar la habitación sólo para dormir, así como tener activación física matutina y técnicas de relajación previas al descanso.

En el caso específico del personal de salud, antes del turno de trabajo, evitar las deudas de sueño y programar una siesta de 30 minutos si hay somnolencia, además de hacer ejercicio regularmente.

Durante la jornada, tratar de recibir luz natural, limitar el tiempo a la exposición de noticias sobre Covid-19, evitar consumo excesivo de bebidas energizantes, tener interacción social y, si es posible, platicar en los descansos, cantar o hacer ejercicio.