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Parcur, espacio para “los jóvenes en total libertad”

Ciudad de México. Las fauces plasmadas en un grafiti se abren como un portal para la juventud. En el Parcur (Parque de Cultura Urbana), esa imagen encarna el movimiento sobre las curvas abandonas de las albercas y estanques que hace décadas fueron los parques acuáticos El Rollo y Atlantis. 

Cada cierto tiempo, ese espacio cambia de piel, observa la secretaria de Cultura federal, Alejandra Frausto, pues nuevos trazos aparecen sobre los anteriores. Son el escenario de 20 mil metros cuadrados dedicados a los deportes urbanos con patinetas, patines y bicicletas, al que se llega por avenida Constituyentes, cerca del Lienzo Charro. 

 

La tercera sección del Bosque de Chapultepec “es la más agreste, la más boscosa, a la que nadie podía entrar, la más insegura y que nadie podía caminar”, detalla la funcionaria. Estos viejos espacios de diversión, concesionados a la iniciativa privada, fueron dejados en el olvido después de sus cierres hace 17 años. 

 

Con el Proyecto Chapultepec: Naturaleza y Cultura se dio reconocimiento a quienes habían ocupado las pozas vacías para expresarse con color y movimiento sobre ruedas del ‘skate’. Dentro de las piscinas ahora se deslizan las nuevas generaciones, con las olas turbulentas ahí dibujadas se goza en conciertos masivos. Las escaleras son retos para aventureros que no temen al vuelo. 

 

“Atlantis y El Rollo, cuando quedan en el abandono, ya lo habían ofrecido para una universidad privada”, relata la secretaria mientras camina por el lugar y saluda a aquellos que se lanzan por la pista, invitando a las próximas actividades “del cambio de piel”. 

 

“Rescatamos este espacio para lo público. Ya lo habían ‘tomado’ los jóvenes. Leímos la vocación, ya tenía esa naturaleza, hay que dedicarlo a ellos. Las albercas donde tenían a los delfines se convirtieron en los ‘bowls’ de patinaje con características olímpicas, son los mejores que hay”. 

Tláloc de piedra y mosaicos en el Centro de Cultura Ambiental. Foto Pablo Ramos 

 

Si se avanza, al cruzar las pistas se llega a unos salones, revestidos con arte urbano; entre imágenes surrealistas y de referencias de la cultura pop, se enseña pintura, muralismo, graffiti y se dan clases de artes circenses. 

 

La antigua alberca de olas es un lugar extraordinario para conciertos y festivales de música, “opciones para los jóvenes en total libertad”, reitera Frausto. 

 

Por ejemplo, el 12 de mayo el ‘diyéi’ británico Fred Again sorprendió con un ‘rave’ que desbordó de sonidos y luces láser. Aunque mantuvo la ubicación secreta, revelándola a unos cuantos, llegaron miles de fanáticos que gozaron esa noche de bosque con la aparición, sin anunciar, de su colega estadunidense Sonny Moore (Skrillex). El propio músico publicó videos breves de la euforia durante su presentación y fotografías de cómo alguna vez lució el balneario citadino muchas años atrás. 

 

Muy cerca se encuentra el parque Cri-Cri, “que tiene mucha tradición”, para disfrute de los niños y que fue incluido en el proceso de rehabilitación, donde también se abrió un Semillero Creativo de danza. 

 

La fuente en honor al grillito cantor y Gabilondo Soler, que hicieron volar la imaginación con su música a las pequeñas generaciones durante décadas, seguirá apareciendo como un personaje para los niños del siglo XXI. 

 

Ubicado sobre avenida Constituyentes, entre las extensiones de áreas verdes, fue reabierto desde septiembre de 2022 para que se vuelvan a utilizar los juegos y la pista de patinaje. También se remodelaron los dos foros al aire libre que ahí se ubican. 

 

FUENTE: LA JORNADA 

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