No mentir, no robar, no traicionar

Actualizado: 10 de jun de 2020



Los años 2020 y 2021 serán decisivos para nuestro país en muchos rubros, quizá el más sobresaliente es el entramado electoral, las decisiones pendientes de los órganos electorales para hacer posible las elecciones más importantes de la historia de México, dado que del resultado de las elecciones podrían generarse equilibrios deseables para continuar con decisiones democráticas, de construcción de acuerdos tendientes a generar mejores condiciones reales para todas y todos los mexicanos.


El escenario que se vivió en 2018, previo y durante la jornada electoral hace apenas dos años, ha cambiado de una manera muy importante para nuestro país, sin embargo, hace falta que se generen y consoliden verdaderos liderazgos sociales fundados en causas legítimas de nuestra sociedad, dado que el sentir generalizado de la ciudadanía visualiza a los partidos políticos como aquellos grupos que no han tenido la capacidad de implementar soluciones reales a sus problemas.


Hoy los partidos políticos se encuentran en una crisis de credibilidad ante la ciudadanía, dado que los liderazgos que algunos de ellos han formado, no han permitido generar las condiciones de bienestar que se requiere en una sociedad moderna como la que vivimos.


Los partidos políticos en México tienen su origen en la lucha revolucionaria del siglo pasado, caudillos que encabezaron movimientos sociales que luego se institucionalizaron y abanderaron causas que en esa etapa de la historia de México seguramente fueron legítimas.

Cuando no sucedió así, desde la perspectiva de un sector de la sociedad, entonces surge una causa que basó su razón de ser en el humanismo, se convirtió durante décadas en la oposición del partido en el poder, antes de estar en condiciones de acceder a la primera posición a nivel estatal e inclusive hacer posible una alternancia a nivel federal.


Está de sobra decir que la estructura institucionalizada del Partido en el poder durante el siglo pasado marcó las bases de la operación política en nuestro país, operación que se conserva en su esencia hasta la fecha, no obstante, el registro de nuevos partidos políticos a nivel federal y estatales, la columna vertebral de la operación de los partidos políticos en México es y ha sido el partido que durante décadas generó el mecanismo más efectivo para operar las elecciones desde el poder.


Ya con la creación del entonces Instituto Federal Electoral, las condiciones de la operación de los partidos políticos en México no cambiaron de manera radical, no se modificaron en esencia y la escisión del partido en el poder generó el registro del primer partido de izquierda ante esa autoridad, sin embargo se replicó en su operación política lo que los políticos aprendieron a lo largo de aquellos años del partido en el poder, no podía ser de otra manera, por cierto, partidos cuyo Presidente actual formó parte de sus filas, inclusive el partido de izquierda lo postuló a la Presidencia en 2006 y ahora, claro ejemplo de ello, es el estilo de hacer política populista de los años 70s del siglo pasado, con formas auténticamente acartonadas, donde nadie le puede decir al líder moral del partido en el poder, señor Presidente, está usted equivocado, aquel que se atreva a hacerlo, es un traidor.


Las formas más sutiles de la política, pero con un fuerte matiz de acercamiento al pueblo, generaron empatías en la mayoría de las entidades, al grado tal que ahora en 2020, la mayoría de los Congresos Locales se mantienen bajo el control de la nueva marca del poder.


Al haber sido funcionario del entonces Instituto Federal Electoral, pude constatar sin intermediarios, los mecanismos que hoy a la fecha se llevan para registrar las dirigencias de los partidos a nivel estatal y por supuesto, los procedimientos que se regularon hace 30 años para tal efecto, que solo han permitido tener un control acertado de la autoridad electoral, pero sin que esto represente un cambio de las estructuras partidistas que operaron en el país y que a la fecha continúan sin permitir que las nuevas generaciones se incorporen a los planteamientos de soluciones reales a problemas que ya superaron en mucho la realidad de nuestro país de los años 90s. Dirigencias que en muchos casos, no se actualizan con oportunidad y que solo sirven a los dirigentes estatales para cumplir los requisitos de elegibilidad según corresponda, cuando gozan de la “confianza” del dirigente nacional y los postulan a un cargo de elección popular.


Si se revisa la trayectoria de un alto porcentaje de los políticos en México, o pertenecieron al partido dominante del siglo pasado, o aprendieron desde otros partidos su operación política, mejor ejemplo lo tenemos en el actual titular del Ejecutivo así como diversos políticos, hombres y mujeres que en el pasado fueron escándalo, sea por sus borracheras, por su cercanía a la corrupción, al manejo del efectivo desde los partidos políticos, el reparto de despensas, el acarreo, al viejo estilo del partido dominante durante tantos años en México.


Ahora, ya no es válido pensar, que las estructuras partidistas deban mantenerse como hasta ahora, necesitamos nuevos liderazgos que sean efectivos y brillantes, partidos políticos cercanos al ciudadano, a sus problemas, a dar soluciones efectivas.


Precisamente la gran oportunidad que se abre para este país en este momento desafortunado de la historia mundial, radica en actualizarse a los nuevos tiempos de hacer política, las nuevas estructuras sociales, los nuevos pensamientos, acorde a las necesidades que tiene México de evolucionar hacia un cambio que no ofenda la inteligencia de todas y todos los mexicanos con recetas de nano partículas de cítricos o bien, escuchando recomendaciones como no mentir, no robar o no traicionar para evitar los contagios al COVID19. Entenderlo en su justa dimensión, sería tanto como afirmar que los altos mandos del Gobierno Federal que han dado positivo al virus han mentido, han robado y han traicionado.


No puede haber mayor afrenta a la inteligencia de los millones de hombres y mujeres que creemos en un México mejor, con mejores oportunidades para todas y todos, trabajando para darle herramientas a los más desfavorecidos para que estén en condiciones de crecer por sí mismos y no con el dinero público que mucha falta hace para generar mejores entornos de seguridad en el país, por ejemplo.


No puede haber mayor afrenta a la inteligencia de nuestros hijos, que el respeto que debemos tener por la ciencia, en México nos merecemos partidos políticos o líderes sociales que hablen con la verdad, no intentando sorprender a los que menos tienen.


Los partidos políticos y líderes sociales deben cambiar y ajustarse a las necesidades actuales de nuestro país o después de las elecciones de 2021, nos vamos a quedar sumidos durante décadas en liderazgos que van a ser capaces de mentirnos, de engañarnos y de traicionarnos.

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