La otra cara del cambio

Por Deborah Buiza

Respecto al “cambio” se ha teorizado bastante y de manera cotidiana escuchamos un sinfín de frases motivadoras que lo promueven al considerarlo como algo deseable, positivo y generador de transformaciones (incluso yo misma he dicho esas cosas), sin embargo me parece importante plantear esa parte del proceso en la que ni sentimos que sea deseable, en la que aparece la ansiedad, la angustia, el estrés e incluso la tristeza, ese momento en el que las cosas nos salen mal, ese día en el que explotas y dices “¿Por qué a mí? Si así como estaba, estaba bien”, y es que todo cambio lleva tiempo para adaptarnos y lograr estabilizarnos de nuevo y obtener las ganancias de él.


Frente a los cambios no hay que perder de vista las ideas que tenemos respecto al tema del cambio, el tipo de personas que somos (hay a quienes les vienen bien y se adaptan muy rápido, hay a quienes nos cuesta más trabajo, quienes son generadores de cambio y aquellos que se resisten lo más que pueden, otros más, son aquellos que “cambian” todo para dejar todo exactamente igual), las herramientas, habilidades, conocimientos y redes sociales con las que contamos y la experiencia que tenemos (como hemos vivido antes los cambios y que hemos hecho para sobrellevarlos).


También es necesario considerar que los cambios nos enfrentan con nuestros miedos, con los conflictos no resueltos y nos confrontan con lo que creíamos de nosotros mismos y lo que esperábamos o creíamos de la vida, y es por ello que en algún momento pueda uno sentirse vulnerable, inestable, irritable, estresado, perdido, etc. Ante esto, ¡calma! Es parte del proceso, te aseguro que después recobrarás la confianza e incluso te sentirás feliz de nuevo. Contempla al menos un periodo de tres meses para adaptarte de nuevo y ármate de paciencia.


Empezar o terminar la escuela, perder la salud (o que algún familiar enferme), estar desempleado, cambiar de trabajo o que algo en el trabajo cambie, mudarte de casa, cambiar de estado civil (casarte, divorciarte o enviudar) implicará reajustar horarios, rutas, finanzas y actividades, exigirá aprender nuevas cosas, conocer nuevas personas y te enfrentará a experiencias desconocidas. Aquí lo importante es no perder de vista que lo que continúa a pesar del cambio eres tú, claro, después de cada cambio quedará un mejor tú (eso si se da uno la oportunidad de capitalizar la experiencia) con un poco más de herramientas y habilidades, pero siempre serás tú.


Ante el cambio y lo nuevo, es importante encontrar formas de canalizar de manera positiva las emociones que vayan apareciendo (duerme bien, come saludable, haz ejercicio, ve a terapia); busca apoyo en tus amigos, familia o en personas que hayan vivido algo similar, conoce como vivieron ellos la experiencia y toma lo que pueda servirte; realiza alguna actividad o conserva algo que te brinde la sensación de “estar en casa” a pesar del caos; ten paciencia y mantente abierto al aprendizaje; olvídate de “es que antes lo hacía así o era así” y trata de mantenerte en el aquí y ahora; si depende de ti y no es necesario tomar otras decisiones o hacer más cambios no los hagas, uno a la vez siempre será más manejable; mantente positivo pero sobretodo, confía en ti y toma la decisión de sacar lo mejor de esta situación.


Los cambios resultan para bien porque decidimos que así sean. Confía, trabaja en ti, respira y espera un poco, el tiempo también tiene que hacer lo suyo, ya lo verás, antes de que te des cuenta estarás mucho pero mucho mejor.