La música, expresión artística aliada del medio ambiente


Las deplorables actividades de un sinnúmero de industrias vinculadas a los grandes problemas ambientales pueden ser evitadas si cumplen con una serie de requisitos en sus procesos productivos, teniendo como base para la elaboración y diseño en sus manufacturas un conjunto de principios que deben ser tomados en cuenta por algunos químicos, biólogos e ingenieros —que, seducidos por la corrupción— establecen los aciagos métodos de fabricación, además de descargar sus peligrosos desechos en ríos y mares, principalmente, dañando a los ecosistemas.


Evaluar este impacto ambiental, dada su trascendencia económica, social y política, es incalculable, por lo que se hace más que necesario aplicar mejores métodos para controlar tan lamentable práctica. Para una buena aplicación, es preciso que los investigadores, científicos y especialistas ecológicos, examinen de forma sistemática la fuente y la naturaleza de la emisión o el vertido de tóxicos agentes que interactúan negativamente con los ecosistemas, así como observar y proponer soluciones contundentes a los inconvenientes de corrupción innovando políticas firmes de control, favoreciendo las tecnologías de producción adecuadas que permitan decrecer los nocivos impactos, adoptando un enfoque integrado de evaluación y control de las fuentes localizadas y dispersas de contaminación en bien de un desarrollo industrial sustentable.


A todo esto, habrá que considerar que en la inspección de las causas que generan la emisión de estos residuos no conlleve el riesgo de transferir la contaminación de un medio a otro, de una región a otra o de un país de primer mundo a uno del mal clasificado «tercer mundo» en donde pueden causar problemas ambientales igual o peor de graves. En esa dirección, el objetivo de un programa ambiental orientado a la salud debe ser el de motivar una mejor calidad de vida, en el que los programas y políticas de vigilancia de la contaminación ambiental —cuyas implicaciones y prioridades varían de un país a otro— abarquen todos los aspectos de la afectación del aire, agua, tierra, biodiversidad…, y exhorten la coordinación entre distintas áreas, como la promoción industrial ecológica, la planificación urbana, el desarrollo de recursos hídricos, políticas de transporte, no a la deforestación de bosques y selvas, la educación ética y social, el respeto a la naturaleza y de especies animales así como a los derechos humanos.


Un excelente ejemplo de estrategias en bien del planeta son las industrias verdes que innovan productos y procesos químicos que reducen o eliminan el uso y generación de sustancias peligrosas. El 23 de mayo de 2001 fue ratificado —por 178 países— el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, que entró en vigor el 17 de mayo de 2004, teniendo por objeto el librar al mundo de buena cantidad de productos químicos letales, asimismo, este acuerdo proscribe el uso de 25 plaguicidas y productos químicos industriales mortales que afecta al sistema nervioso e inmunológico de las personas, causa cáncer y trastornos en el sistema reproductivo e interfiere en el desarrollo de los infantes. Otros convenios y planes de acción de las Naciones Unidas ayudan a preservar la diversidad biológica, proteger las especies en peligro de extinción, luchar contra la desertificación, limpiar los mares y frenar los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos. Asimismo, la Ley de Prevención y Control Integrados de la Contaminación (IPPC, por siglas en Inglés) se suma al enfoque en la mediación sobre la rectificación de daños de origen industrial promoviendo la prevención. En lugar de controlar se pretende prever los nefastos efectos y acciones corruptas. Con estos criterios, se produce el cambio de un enfoque claramente sectorial de los problemas ambientales asociados a la actividad industrial a una dirección sistémica, considerando las derivaciones en un medio ambiente en el que se integran los distintos ámbitos o sectores humanos y naturales.


En este espacio he comentado como un deber, las cuestiones que al medio ambiente y los ecosistemas refieren, así como las afectaciones —directas o indirectas— que causa la humanidad. También de cómo las expresiones artísticas avivan las emociones, sensaciones y especialmente pensamientos de conciencia en bien de todos, haciéndonos progresar en lo individual y en lo colectivo. Las bellas artes es de lo mejor en la evolución de la humanidad. Pensar en arte, es pensar con calidad humana. Entonces, para continuar con tan digna labor, tenemos en la expresión musical a grupos de diversos géneros como Massive Attack, Coldplay y Tame Impala, que buscan reducir el impacto producido al medio ambiente. Y es que el negocio de la música es una industria accesible para incontables personas; por lo que producir un disco es tremendamente accesible, lo que provoca que los cantautores, productores e incluso fanáticos (que asisten a sus conciertos) viajen por diversas partes del mundo sin escatimar lo que ello representa, entre las afectaciones directas se encuentra fuerte impacto en el medio ambiente por efecto de la transportación, la contaminación auditiva y las toneladas de desperdicios orgánicos e inorgánicos que resultan en cada presentación. Por lo que estos músicos están buscando soluciones para reparar el daño generado.


Si bien, la ecología y la música son asignaturas distintas, la urgencia por un cambio climático y por disminuir la contaminación incita a que unan fuerzas para generar mayor conciencia en cuanto a lo que se pueda hacer a mayor escala, ya que la industria de la música ha generado enormes cantidades de plástico a través de su historia, empezando por la distribución de la misma. En 1977, fue el punto más alto en ventas de acetatos LPs en Estados Unidos de Norteamérica, lo que provocó 58 millones de kilogramos de plástico; en 1988, por ventas de casetes, 56 millones de kilogramos de plástico y en el 2000, en ventas de CD’s, la cantidad ascendió a 61 millones de kilogramos. De este modo, el consumo de música tuvo costos ambientales que no se habían tomado en cuenta. De hecho, las emisiones de carbono se dispararon con el consumo de CD’s, que además, crean basura de plástico. Obviamente, no se trata de dejar de consumir música, pero sí de crear conciencia. Ejemplo: en el 2016, y gracias al cambio de escucharles vía Streaming, se redujo la cantidad de plástico usado a ocho millones de kilogramos. Esto ilustra la transformación que existe en los últimos 40 años en cuanto al impacto y la cantidad de plástico utilizado. De esta manera, todos contribuimos al bien común.

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