Investigadores de la UNAM Detectan correlación entre plástico y cáncer de mama


Por primera vez en el mundo, investigadores de la UNAM lograron correlacionar la presencia de bisfenoles y ftalatos en pacientes mexicanas con cáncer de mama.


Refrendar su hallazgo en sangre en una muestra mayor de pacientes, podría tener utilidad en la clínica del cáncer como herramienta pronóstica.


El estudio fue realizado por el doctor Jorge Morales Montor, del Instituto de Investigaciones Biomédicas, con la colaboración del doctor Omar Amador, así como de las doctoras Karen Nava Castro y Margarita Palacios, del Centro de Ciencias de la Atmósfera.


“La pregunta —dice Morales Montor— era si podríamos medir, así como ellos los median en el aire, estos mismos contaminantes en fluidos humanos”.


En la literatura científica se afirma que en seres humanos no se puede medir el compuesto parental u original de bisfenol A (BPA) y de ftalatos, sino sólo en orina y sólo sus metabolitos, productos de la degradación de esos contaminantes por el metabolismo del organismo.

A contracorriente con este postulado, Morales Montor y colaboradores 1. detectaron en sangre (suero) de pacientes mexicanos la presencia de BPA y ftalatos (“fue una sorpresa agradable”) y 2. determinaron que hay una correlación de esos compuestos contenidos en plásticos y latas con el cáncer de mama.


Fue también preocupante encontrar la correlación de uno de ellos: en la etapa cuatro de cáncer de mama, la más agresiva, existen mayores niveles de dihexilftalato en sangre. Éste es un factor de riesgo, mientras que los bisfenoles “no cambiaban tanto”.

Otro resultado significativo fue que las pacientes de la CDMX, una de las ciudades más contaminadas del mundo, tenían más ftalatos en sangre que las de Toluca, en un orden de 2000 y 200 nanogramos por mililitro, respectivamente. Y gente normal o los controles: 120 y 45 ng/ml.


Estos datos, apunta Morales Montor, son los primeros que realmente indican cierta correlación de los niveles de estos contaminantes y el desarrollo de una enfermedad: cáncer de mama.

En este proyecto de la UNAM, a nivel interinstitucional, colaboraron el Hospital 20 de Noviembre del Issste, de la CDMX, y dos clínicas del IMSS y una del sistema de salud del Estado de México, ubicadas en Toluca.


Bajo el el título “La medicina ambiental y sus implicaciones en la solución de problemas nacionales de salud: efecto de los compuestos aromáticos policíclicos y ftalatos presentes en la fase particulada del aerosol atmosférico de la Ciudad de México sobre el sistema inmune y la susceptibilidad al cáncer de mama”, el estudio se realizó con financiamiento del CONACyT, 2125, Fronteras en la ciencia.


También cuenta con apoyo la UNAM, a través DGAPA, para determinar los mecanismos moleculares en el desarrollo de cáncer de mama asociado a este tipo de contaminación.


Estudio previo


Pruebas en diversos laboratorios han mostrado que los bisfenoles, ftalatos y otros contaminantes causan mutaciones en líneas celulares que afectan después el desarrollo normal de la célula. Sin embargo, “aún no sabemos cuál sería el o los blancos moleculares”

Como inmunólogo, Morales Montor postula que esos compuestos, ya en un organismo humano, al afectar a la célula y denotar su división anormal, modifican la respuesta del sistema inmune, que “ya no es adecuada”.


A una ratoncita, a los tres días de nacida, Morales Montor le administró una dosis de bisfenol A. Ya adulta se le inoculó una célula tumoral de ratón y desarrolló “el doble del tamaño del tumor”, en comparación con ratonas sin BPA.


Eso, sin embargo, no es tan importante en la clínica del cáncer, como sí lo es la metástasis, que el BPA incrementó impresionantemente y, por ende, lo convierte en un compuesto muy peligroso.


Este estudio previo, informa Morales Montor, fue el que llevó a estudiar la posibilidad de encontrar bisfenol A y ftalatos en fluidos humanos y a corroborar su correlación con cáncer de mama.


Buscando bisfenol, se encontró que un tipo de ftalatos, sí está correlacionado con la fase cuatro de cáncer de mama en pacientes mexicanas.


No afirmó, aclara Morales Montor, que un tipo de ftalatos sea la causa de cáncer de mama, sino que hay correlación con una etapa de desarrollo de la patología.


Aunque falta hacer un estudio en una mayor muestra de pacientes (el estudio piloto fue en 200 pacientes), estos resultados preliminares son un llamado a evitar este factor de riesgo, disminuyendo el uso de productos de plástico y aumentando su reciclaje.


—¿Qué aplicación podría tener su hallazgo en la clínica de cáncer?

Si se sostiene esta correlación en un estudio de miles de pacientes en México, se puede proponer la medición de uno o dos de estos contaminantes en sangre, no como prueba diagnóstica sino como una herramienta predictiva o pronóstica.


“Te va a decir si tienes o no muy altos los niveles de dibutil-hexil-ftalato y si el resultado es positivo deberás buscar alternativas para no seguir exponiéndose tanto”.