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Delfina Gómez, encumbrada por AMLO; el PRI en caída estrepitosa

Por Ricardo Burgos Orozco

Más mal que bien, el Partido Revolucionario Institucional ha gobernado el Estado de México por 94 años. Por el palacio de Toluca pasaron priistas relevantes, presidenciables y presidentes como Carlos Hank González, Jorge Jiménez Cantú, Alfredo del Mazo González, Mario Ramón Beteta, Ignacio Pïchardo Pagaza, Emilio Chuayffet, César Camacho Quiroz, Arturo Montiel Rojas, Enrique Peña Nieto. Todos ellos fueron hombres de mucho poder; el territorio mexiquense se los daba por su potencial económico y electoral.

Alfredo del Mazo González, papá del actual gobernador, fue un fuerte aspirante a la presidencia en la época de Miguel de la Madrid Hurtado. En aquel tiempo casi todos lo daban como candidato hasta que una noche de los primeros días de octubre la consigna fue apoyar a Carlos Salinas de Gortari y así fue.


Con un gran porcentaje de popularidad, Enrique Peña Nieto fue presidente de 2012 a 2018. Sus errores y lo de su esposa, la actriz Angelica Rivera, dieron al traste con sus bonos y terminó rechazado por la mayoría de los mexicanos lo que permitió el triunfo de Andrés Manuel López Obrador con un número récord de votos.


El domingo 4 de junio fueron las elecciones en el Estado de México con otra perspectiva. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) llevaba todas las de ganar con una ciudadanía hastiada del PRI después de 94 años de gobierno y con una candidata modesta de Texcoco, Delfina Gómez, que tenía todo el apoyo, desde el principio de su carrera política, de Andrés Manuel López Obrador.


Las encuestas la daban por ganadora desde hace varias semanas frente a la priista Alejandra del Moral, surgida del gabinete del gobernador Alfredo del Mazo Maza, a quien apenas finalizó la contienda electoral, lo acusaron de traidor y de haber entregado el territorio a Morena. No tardaremos mucho en saber si es cierto en caso de que el todavía mandatario estatal le dé un espacio en el gabinete del presidente.


Delfina Gómez, una mujer sencilla, profesora de educación básica, sin pareja o hijos, fue encumbrada por López Obrador desde el inicio de su carrera. Con el apoyo presidencial, compitió contra Alfredo del Mazo y perdió por un margen muy pequeño; después fue arropada con una senaduría y con la Secretaría de Educación Pública hasta que regresó a buscar nuevamente la candidatura, ahora contra Alejandra del Moral, pero ya en otra perspectiva. En unos días recibirá su constancia de mayoría y el 16 de septiembre tomará posesión del cargo.


Alejandro Moreno, el soberbio dirigente del PRI, deberá ya despertar a la realidad y empezar a reflexionar sobre la sobrevivencia de su partido, no sólo en el Estado de México, sino en todo el país. Se está quedando sin gubernaturas y sin poder. Sin embargo, los sueños guajiros del llamado Alito son la candidatura presidencial. Esperemos que deje de soñar y trate de conservar lo poquito que le queda. A ver cómo lo hace.


La existencia del PRI está colgada de un alfiler después de la derrota en el Estado de México y Alito ni cuenta se ha dado.

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