Chetumal y el reggae

Por Fernando Castro Borges

En los años 60, cuando las radios originarias del sur de los Estados Unidos emitían habitualmente temas principalmente de rhythm and blues, fue la inspiración que los jamaicanos utilizaron para crear melodías con su propia identidad.


Así surge el reggae, caracterizado por sus mensajes contra la desigualdad, la marginación, la injusticia, la resistencia y la violencia; sus letras también promovían una conciencia colectiva de paz y amor.


Este movimiento musical tomó fuerza por su compromiso social, pero con sus ritmos seductores que hacían mover los cuerpos con cadencia, emulando el vaivén de las palmeras del Caribe, sedujo rápidamente a todo quien la escuchaba.


El reggae llegó a Chetumal a través de Belice. Los jóvenes quintanarroenses se reunían para escuchar las señales radiofónicas provenientes del país vecino. La juventud mexicana por primera vez tenía contacto con grandes músicos de reggae jamaicanos, además de identificarse con el Calypso, el ska, Byron Lee & The Dragonaires.


Lord Kitchener y Mighty Sparrow fueron nombres que empezaron a identificarse y a ser comunes entre los jóvenes de la frontera sur. El reggae se apropiaba de las bocinas de los bailes y reuniones donde se daban cita los jóvenes chetumaleños.


En la ciudad hay una larga tradición y personas afines a esta música. Antes de que Quintana Roo se volviera estado libre y soberano (1974); el saxofonista de origen yucateco Eliseo Pech Yamá fundó la primera agrupación de reggae mexicano: Ely comboy, de la cual también formó parte Anthony Jones, de origen beliceño, vocalista quien con su español mezclado con inglés dio un toque especial a la interpretación de sus melodías. ¡Cómo olvidar las canciones “Acércate un poquito más” o “No, no Sola”!


El reggae fue reconocido como una influencia en la vida de Chetumal en 2016, al develarse la estatua de Bob Marley en un parque sobre el Boulevard de la capital. Sólo otros tres países tienen estatuas erigidas a la memoria de Bob: su natal Jamaica, Serbia y Etiopía, nación a la que consideró el Edén del rastafarismo.


Desafortunadamente, poco tiempo después de la develación, tan importante estatua para la cultura universal sufrió una serie de actos vandálicos, por lo que las autoridades decidieron retirarla para su restauración. Han pasado varios años y no ha regresado este símbolo de la juventud caribeña.


La estatua de Bob Marley en Chetumal es parte de la cultura de este territorio fronterizo; simboliza a toda aquella juventud que bailó y cantó esa música; que se hermanó con el Caribe, al abrir la puerta de México al reggae.


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