Aumentan mujeres jóvenes con cáncer cervicouterino

Iniciada su vida sexual deben practicarse el Papanicolaou una vez al año: Gilberto Nicolás Solorza Luna.

El cáncer cervicouterino se desarrolla cada vez más en mujeres de menor edad. “Antes considerábamos que las de 40 años o más iban a presentar cáncer invasor, y ahora lo estamos teniendo en alrededor de 50 por ciento de los casos, entre las de 25 a 35 años”, alerta Gilberto Nicolás Solorza Luna, académico de la División de Estudios de Posgrado, en la subespecialidad de Ginecología Oncológica, de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.


El virus de papiloma humano (VPH) y el cáncer cervicouterino son padecimientos de alto impacto a nivel global. De acuerdo con organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 80 por ciento de la población con vida sexual activa podría adquirir el virus, señala César Torres Cruz, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM.


En 2018, según datos de la Secretaría de Salud de nuestro país, este padecimiento representó la primera causa de muerte en mujeres de 25 a 34 años de edad, y la segunda (después del cáncer de mama) en las de 35 a 64 años, asegura el universitario durante el Seminario Permanente de Género en Salud.


Al continuar, Nicolás Solorza Luna, también médico cirujano oncólogo en el Instituto Nacional de Cancerología (INCan), considera que la presencia de este padecimiento podría deberse al inicio de la vida sexual a más temprana edad y con múltiples compañeros sexuales; “eso, combinado, podría estar dando como resultado que el cáncer cervicouterino se esté dando en esas edades”.


En 2018, tan sólo en el INCan, se atendieron 370 casos; en 2019, 375. Además de esa institución, a la cual asisten pacientes de la Ciudad de México y del resto del país, las mujeres acuden al IMSS, ISSSTE y a otros hospitales como el General de México y el Juárez de México.


Ahora las mujeres asisten a la atención médica con tumores o cáncer de cuello uterino más avanzado. “La sobrevivencia de las pacientes depende del estadio o fase, en el cual se presentan a los tratamientos”, precisa.


Si se detecta a tiempo, la enfermedad es curable, asegura Solorza Luna en ocasión del “Día Nacional de la Lucha contra el Cáncer Cervicouterino” que se conmemora en nuestro país el 9 de agosto.


Las etapas clínicas de esta enfermedad, explica, van de la I (1) a la IV (4). Por ejemplo, en la IB, cuando el tumor está localizado específicamente en el cuello uterino, la sobrevida es de hasta 90 por ciento; pero si ya avanzó a la fase IIB, ese porcentaje disminuye a 60 por ciento.


Solorza Luna enfatiza que en México el cáncer cervicouterino se presenta, sobre todo, en la mujer de menos recursos. “Existe una forma sencilla y barata de diagnóstico, la prueba de Papanicolaou o citología cervical para detección de lesiones tempranas; pero no acuden por falta de dinero o de ganas. Esa es la tragedia, a tan temprana edad”.


En contraste, en la consulta privada “si veo dos pacientes al año con cáncer de cuello uterino son muchas”. Por eso, el momento en que llega la paciente a atención a un hospital, a una institución o con un médico privado, es determinante.


Solorza Luna recuerda que este padecimiento es causado por el virus de papiloma humano (VPH) que se propaga a través del contacto sexual con una persona infectada; y cuando la mujer tiene múltiples parejas sexuales se expone también a diversas infecciones.


Existen 200 tipos virales y las vacunas abarcan nueve u 11, que son de los más oncogénicos (causantes de cáncer); sin embargo, “he visto evolucionar a cáncer a algunos que son considerados de bajo riesgo. Servirán probablemente, pero lo más importante es usar preservativo durante las relaciones sexuales, principalmente cuando la pareja no es estable; las mujeres no deben permitir relaciones sin condón”, señala.


El experto sugiere implementar campañas de detección de cáncer de cuello uterino, además de que la prueba de Papanicolaou sigue siendo la piedra angular. Al mismo tiempo se requiere mejorar la calidad de la citología (el estudio de las células) y la formación de más especialistas en esa área. “Si tenemos un buen número de expertos citotecnólogos podemos realizar campañas en todos lados; hacerlas sin tener armas, no sirve de nada”.


Solorza Luna puso énfasis en que es necesario que toda mujer con vida sexual se practique el Papanicolaou una vez al año, y si después de dos años no se encuentran lesiones se puede postergar por más tiempo. Ese examen debe ser de rutina, sentencia.


Cómo médicos, afirma el experto, estamos obligados a explicar de manera entendible el tratamiento que se va a realizar, a la vez que se debe comprender que lo que se intenta es conservar la vida; sería útil que cuando se da el diagnóstico y se hace del conocimiento el tratamiento hubiera el acompañamiento de un psicólogo.


Respuesta emocional


El diagnóstico de la enfermedad afecta la salud emocional de las pacientes, pueden presentar trastornos en su estado de ánimo y ansiedad, principalmente; la mayoría siente angustia, miedo, enojo o tristeza como parte de la respuesta emocional reactiva inicial, comenta Diana Patricia Guízar Sánchez, también de la FM.


Las afectaciones dependen de las características de cada paciente; influye, por ejemplo, si tenían un padecimiento previo como depresión, edad, avance de la enfermedad o que ya no quieran tener hijos (porque el tratamiento puede consistir en una histerectomía o retiro del útero), abunda la integrante de la subespecialidad de Psiquiatría de la División de Estudios de Posgrado de la entidad.


Las pacientes tienen una idea o construcción social de lo que representa el cáncer: muerte, incapacidad, mutilación física, o amenaza para la relación de pareja, la interacción con los hijos o la situación económica. Por ello, la reacción emocional generalizada incluye un estado de ánimo depresivo adaptativo.


En ocasiones se refugian en el consumo de alcohol o alguna otra droga; puede haber también una sensación de vulnerabilidad, desprotección, dolor, insomnio, disfunción de pareja y angustia si se trata de madres con niños pequeños al no saber qué va a ocurrir con ellos.


Si como parte del tratamiento fue necesaria una histerectomía, se presenta intranquilidad al pensar cómo será en adelante su salud reproductiva, si podrá continuar su vida sexual activa o habrá menopausia prematura, entre otros aspectos. También puede haber miedo a la mutilación y a los tratamientos médicos; todas esas emociones son normales o esperadas.


La familia, recalca Guízar Sánchez, puede constituirse en una red de apoyo al brindar acompañamiento emocional si hay alguien que se encargue de los hijos mientras acuden a su tratamiento; en caso de que se sienten mal las apoyen, o acudan con ellas cuando reciben el diagnóstico o entran a cirugía; eso es muy positivo.


No obstante, alerta la experta, la familia también puede influir para que la paciente no se atienda; comentarios como “te quieren sacar dinero” o “no dejes que te saquen el útero porque vas a dejar de ser mujer”, añaden una carga negativa a la situación.


Conforme pasan los días, las emociones que son normales cuando se recibe el diagnóstico deben disminuir; si no ocurre así y hay ataques de pánico frecuentes, consumo intenso de sustancias, la paciente dice que prefiere morir o se produce disfunción, es momento de pedir ayuda a un profesional para recibir atención psicológica o psiquiátrica.


En tanto, para quienes están en la etapa final de la vida se requieren cuidados paliativos, de tanatología, a fin de atender el dolor y evitar que sufran, así como para para lograr la aceptación, junto con sus familiares, agrega.


Incluir también a los varones


Al proseguir, César Torres Cruz detalla que la OMS reporta que 85 por ciento de los casos registrados cada año de cáncer cervicouterino corresponde a mujeres que residen en América Latina, África y algunas zonas de Asia.


Debido a los problemas de infraestructura y atención sanitaria en estas naciones, el padecimiento se detecta en fases avanzadas y por ello hay alta tasa de mortalidad, precisa.


En una investigación aún en curso, el experto analizó los documentos Plan de acción sobre la prevención y el control del cáncer cervicouterino 2018-2030 de la OPS/OMS, la nota informativa de la OMS “Papilomavirus humanos y cáncer cervicouterino” (2020), la Norma Oficial Mexicana de 1994 para la atención y vigilancia epidemiológica del cáncer cervicouterino, así como la Guía para transversalizar la perspectiva de género en programas y acciones de la salud pública del CNEGySR (2019).


Comenta que el VPH puede tener una relación causal para derivar en casos de cáncer cervicouterino, aunque no es la única condición para desarrollarlo. Encontró que “centrarse sólo en ese cáncer contribuye a alejar la atención del virus y de la salud sexual de las mujeres”.


Hay que preguntarse también qué sucede con otros estragos que derivan del virus, como el cáncer anal en varones con prácticas homoeróticas; y se requiere abrir el panorama para comprender lo que ocurre con otros padecimientos, como el cáncer bucal o faríngeo.


César Torres expresa que los documentos analizados y prácticas del CNEGySR refieren que las mujeres son vulnerables por mandatos de género a adquirir el VPH y cáncer, ya que se transmite por sus parejas sexuales varones.


Hace falta incorporar, sostiene, una perspectiva de género relacional que permita además ver qué sucede con los varones; esta exclusión tácita de los principales transmisores del virus contribuye a redificar los estereotipos de género y se termina por responsabilizarlas de un padecimiento que no adquirieron por sí mismas.


A su vez, Luz María Moreno Tetlacuilo, del Programa de Estudios de Género y Salud del Departamento de Salud Pública de la FM y moderadora de la sesión del Seminario Permanente de Género en Salud, agrega que el cáncer cervicouterino es un problema de salud pública en México, aunque se le resta importancia porque ha sido rebasado en frecuencia por el de mama.


Se trata de un padecimiento curable cuando se detecta de manera oportuna y ninguna mujer debería morir por esta causa; no obstante, en nuestro país una gran proporción de ellas no acude a realizarse la prueba del Papanicolaou, que salva vidas, concluyó.